Introducción:

A partir de la década de los 80 comenzó a venir sobre la iglesia un mover que no ha cesado hasta hoy, comenzaba a vislumbrarse un cambio de paradigma radical para los creyentes, poco a poco las estructuras tradicionales comenzaron a derrumbarse en todas las denominaciones, el Espíritu Santo inició un reavivamiento que no ha parado. Las artes comenzaron a desarrollarse dentro de la iglesia, teatro, pantomima y alabanzas coreografiadas fueron los puntales de lo que hoy esta alcanzando proporciones. Es por ello que la danza deja de ser una expresión limitada al foro secular o de las denominaciones pentecostales, aunque en gran potencia ya se manifestaba la danza dentro de círculos protestantes anglosajones, era habitual oír noticias de que en países como Brasil la iglesia no se limitaba al palmoteo de las alabanza, sino que todo su cuerpo vibraba entorno a las melodías. Recordemos que en los pueblos en que predomina el lenguaje corporal, la danza no es un mito dentro de la iglesia, así en pueblos asiáticos los cristianos se mecen al son de cada cántico, en África la iglesia estalla en jubilo ante cada loor, en Estados Unidos los “shekers” , comunidades “ascetas”, se reúnen en cada culto con danzas extáticas.

Frente a esto debemos considerar los siguientes punto:

  1. LAS ESCRITURAS AVALAN LA DANZA COMO UNA PRÁCTICA DE LA IGLESIA DEL NUEVO MILENIO: Los fundamentos sobre la danza como una expresión válida en la alabanza a nuestro Tierno Señor quedan demostrados, las Escrituras favorecen rotundamente esta como una manifestación legítima y vigente. Discutir sobre si es no una práctica válida dentro de la iglesia es perdida de tiempo.

  1. ES EXPRESIÓN DE LA CULTURA DEL REINO DE DIOS: generalmente la danza en el plano de lo secular representa un conjunto de ideas de la realidad cultural de los pueblos, celebran algo, recrean, cuentan una historia, incluso para fines de índole político, son la manifestación de una identidad, la danza en sí misma no es la expresión cultural exclusiva de un pueblo, etnológicamente hablando, pero sí desde un punto de vista espiritual. Podemos afirmar que ella, ejecutada por un renacido, es una manifestación propia de la idiosincrasia del Reino de Dios.

  1. DEBE ESTAR EN UNA CONTINUA RENOVACIÓN E INNOVACIÓN: La danza está en un proceso de transformación. Dios está derribando nuestros prejuicios y tradiciones sobre “cómo danzar”, no es posible llegar al siguiente nivel de desarrollo espiritual si no se quiebran los esquemas establecidos de lo que significa dicho arte. Por ejemplo: pensar que la danza hebrea es “la única danza” para desarrollar en la iglesia es contrario al mover creativo.

  1. DEBE SER SOBRENATURAL, UNGIDA, EXCELENTE Y DISCIPLINADA: la danza del siglo XXI debe ser sobrenatural y capaz de trasformar vidas, una herramienta de evangelización poderosa y del cumplimiento de la Gran Comisión que trabaja en base a la Unción de Dios, la Excelencia y Disciplina.

(Fragmento de "Saldréis en Alegres Danzas", Roberto Salgado C., Escuela de Danza Experimental Abodah, Chile)