El bailarín siempre está en una constante búsqueda de una técnica prolija, sin importar el estilo en particular es de un luchar diario, porque debe superar su estado de comodidad interpretativa de modo que no solo sea su baile un conjunto de movimientos acompañados con música, día a día lucha para que la pirueta o jeté sean ejecutados de tal forma que quede el sobresalto y asombro en el espectador.

Cuando comenzamos en un equipo de danzas siempre nos encontramos con las disyuntivas comunes ¿Lo podré hacer? ¿Seré capaz de aprender la coreografía sin errores? ¿Lograré hacer los relevés o mayim con excelencia milimétrica? Sí, no podemos darnos el lujo de aprender una serie de pasos si no hacemos de ello nuestro vocabulario diario, entrenando a diario, inisistiendo, experimentando, permitiéndonos solo pequeños errores. Debemos a toda costa evadir la mediocridad interpretativa, llenar nuestra mente de pensamientos positivos, llenos de fe, aplicar las palabras de Pablo a cada rutina "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece" y creer que por más difícil que se torne una coreografía más de la Gracia de Dios habrá en ella si logro encontrar la excelencia, disciplina y constancia.