Es dificil para los grupos de danzas con sesgo davidico, sacro o hebreo moverse en otras áreas relacionadas con las artes dancísticas, el prejuicio es evidente al momento de hablar de estilos de danzas, muchos establecen párametros, incluso absurdos, para decir que tal o cual danza es la mejor para la veneración y adoración de ese Maravilloso Dios que nos ha dotado del talento para sincronizar nuestro cuerpo al son de la música creando o interpretando danzas. Determinan una serie de reglas de cómo vestir, si se debe o no usar falda, pantalón, si deben tocar panderos sólo las mujeres y banderas solo los hombre. Es real que los movimientos dancísticos a partir de la década de los 90 nos infundieron nuevas fuerzas e inspiración dentro de nuestras liturgias y cultos, nos llevaron a nuevas alturas, viajamos a Israel en el Espíritu, al tercer cielo, etc. Sin embargo MT. 28: 18-20 sigue siendo algo tan ajeno para tantas compañias de danzas y Ministerios de Adoración. Es necesario replantearnos entonces. Por que si pensamos que solo danzamos para sacar una sonrisa del Rostro del Padre estamos parcialmente equivocados.
Es necesario replantearnos entonces, y comenzar un proceso de análisis, profesionalizar nuestro arte, muchos años de excelencia nos dan ventaja de que es posible llevar las artes davídicas a un nivel superior, porque nuestro Dios es El Artista Superior.

La triste realidad de las artes davídicas a nivel ministerial es que hemos estado formando intérpretes mecánicos de la danza y no intérpretes creadores de ella, incluso la capacidad de creatividad coreográfica se limita a buscar con afán videos para imitar el movimiento de tal o cual danzor o bailarin, personalmente lo he hecho también, pero aprendiendo cada día a desentrañar lo que hay más allá (si estás en ese plano, vamos por buen camino), intentan reproducir un patrón sin buscar lo esencial que motivó dicha composición, la materia prima y su producto son lo único que logramos captar, es necesario desentrañar el proceso, no sólo el aspecto estético ni técnico, es necesario captar el alma y espíritu del ente creador, es necesario lograr desentramar el ánimo del coreografo y el o los bailarines o danzores, llegar a la fibra misma del espíritu de esa obra artistica y así conocer el impulso vital que lo movió a elaborar esa obra que intentamos desarrollar. Debemos comenzar a potenciar la creación y dejar en un plano más secundario la repetición.

Todo ser humano nace con esa capacidad de crear, sea por imitación o por innovación. En la danza hay un orden: instinto de manifestarse,talento y capacidad creativa. El talento, es aquella parte de la sustancia divina puesta en nosotros para hacer resaltar una cualidad que distingue a las personas en cuanto a su actividad, carácter y disposición. Hablamos de un diseño divino que el artista debe lograr captar, entender, traducir y expresar, a eso le llamamos "código divino", el talento nos da la capacidad de obtener esos resultados, sin embargo, el diseño no es taxativo, hay arte que aún no ha sido creado en la eternidad de los cielos, ni en la tierra, recuerden que el salmista siempre motivo a cantar "Cánticos Nuevos". Alguien dijo por ahí que toda la poesía ha sido creada y que solo hace falta que se escriba. Eso es una falacia.

Hay Diseños aún no elaborados,Dios sigue creando cosas nuevas. y nosotros???

El instinto es lo propio con lo que nacemos y nos impulsa a ocupar un espacio en el infinito dandole a ese espacio y a todo lo que sucede o contiene individualidad y pertenencia, la capacidad creativa nos da la percepción de que todo está en movimiento, y aunque científicamente exiten los ciclos, la repetición, en los planos del alma y espíritu todo es lineal, en la medida que se camina se avanza, nunca se vuelve al mismo lugar, de ahí que el arte es lineal, pues aunque algunos intente decir que somos meros repetidores de artistas del pasado nunca una reproducción es igual que el original, pues el original tiene algo que la reproducción intenta imitar.

No menospreciando el arte davídico, creo necesario que se abra un gran foro al respecto en medio de nuestras compañias y comunidades creativas, no con el afán de criticar, sino que de construir nuevos paradigmas en cuanto a la danza davídica y las artes cristianas que nos permitan comenzar, en el taller del alfarero, a crear obras maestras de danza, de modo que así como seguimos recordando el famoso Mayim Mayim de Rivka Sturman, o el RONI RONI de Paul Wilbur, exista una composición trascendental y recordada por las futuras comunidades creativas, que evidencien la perfección, excelencia, compromiso creativo e impulso de llegar a todas las naciones de la Tierra con la Gloria del Gran Artista, Jesucristo.